Ver
- 11 feb 2016
- 1 Min. de lectura
Hoy salpimenté mis sentidos y me dispuse a ver.
Vi la sinuosidad ondulante de las ramas de los árboles. Vi la vida violeta pastel de las flores de una enredadera. Vi el alma atenta, reflexiva y asombrada de un niño en sus profundos ojitos marrones. Vi las cabezas inclinadas de muchas personas entrando a otros mundos a través de páginas. Vi gris en las calles, los edificios, el tren, el subte, los cabellos, los trajes y las miradas. Vi paredes que hablaban y contaban historias con colores. Vi a una escalera que subía, bajar y a una que bajaba, subir. Vi mi cansancio, mi alegría, mi irritabilidad, mi ritmo. Vi el calor reconfortante y creador de vida de la luz del sol. Vi contaminación en la vereda, el aire, el ruido, los pulmones y las personas. Vi muchas pantallas. Demasiadas. Vi jeans, zapatillas, zapatos con plataformas, anteojos de sol, pelos rubios teñidos, calzas y carteras. Vi encuentros, abrazos, sonrisas y momentos compartidos. Vi masas impersonales y uniformes caminando mecánicamente hacia la misma dirección. Vi mi bandera camuflándose con el cielo. Vi a un señor leyendo un librito sobre la región en la que viví 6 meses y otro sobre El Camino. Vi calles y avenidas arboladas difuminarse en el horizonte. Vi un árbol llover hojas y flores rosadas. Vi el color tierra tostado del otoño en las hojas muertas. Vi volar pájaros, mariposas, moscas, hojas, papeles y bolsas de nylon. Vi plástico. Vi marketing y publicidad. Vi amor. Y vi muchas vidas.
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